A veces, algunos álbumes están tan embebidos en la psicodelia que terminan convirtiéndose en rituales por sí mismos, respondiendo toda su producción sonora a ese fin en una danza en la que todo se vuelve hacia las abstracciones del misticismo. Ese tipo de álbumes no corresponden habitualmente al lugar de complacer con canciones, lejos de eso se presentan de lleno al quehacer ritual y lo habitan de principio a fin, siendo todo el disco un artefacto de los vahos más bajos que la psicodelia pueda dar. No son tantos los álbumes de estas características, pero en la psicodelia hay varios artefactos pensados para cumplir esa función, y en la gran mayoría de los casos se trata de trabajos un poco dejados de lado por el público, evidentemente por su peculiaridad. Tal vez algunos freaks amantes del arte de este estilo puedan concebir un culto hacia estos artefactos con tanto misticismo, y es ahí cuando este tipo de sonidos pueda tener un lugar de comprensión que cohabitar.
En la lista de obras que se prestan de lleno a la tarea ritual, sin medias tintas, sin rodeos, aparece este artefacto, proveniente de Japón, que combina la pesadez del stoner/heavy psicodelia, con todo ese mundo místico que necesita de la exploración en el espacio para desarrollar su misión, y que hace de lo experimental un campo fértil con el cual desarrollarse. En esta misión discográfica supieron unir fuerza dos bandas japonesas, Boris y Choukoku no Niwa, la primera más en la línea de lo pesado, y la segunda, banda menos conocida, más cerca de la psicodelia. Revisando sus discografías, este trabajo, que es resultado de esta unión bipartita, es una obra que destaca, seguramente por esa cualidad ritual que posee.
‘’More Echoes, Touching Air Landscape’’, de 1999, es un trabajo que no posee canciones propiamente dichas, sino que el disco en sí se divide en dos partes. El primero en aparecer al oído es ‘’Fukurou’’, una pista de veinticuatro minutos de duración llevada adelante por los músicos de Choukoku no Niwa, y la segunda parte de la obra es la llamada ‘’Kanau’’, que según la edición puede constar de una sola pista o de la misma pero dividida en parte 1 y 2, y que es interpretada ya por lo músicos de Boris. Sea cual fuere el caso, no hay aquí melodías no estribillos a entrañar, sino una puesta en escena de exploraciones mayormente instrumentales, que se van desenvolviendo poco a poco y que se prestan a una tarea conceptual/espiritual, sin cesar en tal esfuerzo.
En el caso de ‘’Fukurou’’, interpretado por Choukoku no Niwa, nos encontraremos con momentos de tribalismo en percusiones que se conducen a un atasco de la banda completa con una guitarra eléctrica pesada conductora del hilo de los sucesos. El stoner se lleva bien con los psicodélicos, forman una buena faena juntos, siendo el elemento pesado el que brilla por sus texturas oscuras, mientras que el costado de la lisergia es el que aporta el mundo de misterios y delicias que harán del experimento algo de mayor profundidad.
Mientras que por el lado de ‘’Kanau’’, ejecutado por Boris, nos encontraremos con una propuesta dividida en dos momentos, siendo el primero de ellos uno dedicado especialmente a acoples oscuros, sonidos cual saturación que inundan el lugar y no dejan más nada a la imaginación, para luego conducirse a la segunda parte de la propuesta, donde el sonido continua, pero transmutándose inmediatamente en un atasco stoner en que la banda, en su formación completa, se manifiesta en momentos pesados cual atascos, ya entrando en partes y diversos momentos que se van sucediendo en la medida que se desarrolla la pista.
En ambas partes del trabajo, se percibe la paciencia de cada banda para desarrollar su concepto, dedicándose con cuidado a trabajar en la introducción de cada pista, llevando las introducciones a desarrollarse lentamente, las cuales a su vez se conectan con el cuerpo principal de cada pista que también se desarrollan hasta sublimarse y concluirse. No es un álbum típico de stoner, o típico para la canción, sino que se dedica a una tarea conceptual, se dedican a la plasmación de los asuntos que cada banda tiene para aportar en el lugar que le toca. A su vez, ambas bandas se han cohesionado en una misma propuesta, llevando a que todo esté delimitado por el desarrollo en progresión de una fina propuesta dentro del sonido stoner.
No falta la psicodelia, no falta el misticismo, no faltan los sonidos pesados y el experimentalismo, es que no se trata de un trabajo común y corriente, sino de un experimento en el que dos fuerzas poderosas se reúnen para celebrar su música, y para crear sonidos que son auténticos rituales sonoros.
Reynols es la derivación de todas las cosas que ha dado la música, un ente de éter encarnado en el mundo, que se plasma en la materia y en el devenir humano a manera de don musical, por lo que sus intervenciones musicales y sus discos son dones otorgados al humano, capaces de generar su, en suerte, despertar. Reynols es una materia sonora indeterminada de calidades profundas, dones complejos de abordar por su honda simpleza y su humilde empatía por la creatividad en estado puro. Esta entidad no tiene principio ni fin, solo manifestaciones, elucubraciones fulgurantes que se plasman a lo largo de sus experiencias creativas de muy diversa índole en lo referido a la música hacia sus muchas direcciones, siempre en su estilo tan particular e indeterminado para mucho de lo que se conoce popularmente, aunque lo popular es bien conocido e de influencia para Reynols.
No hay explicaciones que alcancen para determinar qué es Reynols, o como ocurrió, o como se manifiesta, y tal vez esos misterios habría que dejarlos en su lugar, pero ocurre que sus manifestaciones artísticas resuenan en una serie de proyectos musicales altamente interesantes, los que se presentan y suministran mucha lumbre que cortar para quien guste de este tipo de expresiones.
La inventiva de este grupo de seres es muy particular, manejan una elocuencia creativa cuya frescura se ramifica en todo lo que hacen, pueda ser aquello comprendido o no, no importa. Pero lo que ellos manifiestan está en un lugar ulterior, tanto lo que dicen desde lo expresado verbalmente, como lo que manifiestan de forma instrumental. Todo su fluir artístico es una cosa indeterminada, un afortunado acto expresado por un azar cuyo origen pareciera ser alguna fuente pura de manifestación, es el reflejo de un estado incierto y complejo para el humano, y fluye hacia la materia sonora mediante el médium que es Reynols. Todo lo manifestado por el grupo cuenta con un sentido total y cada elemento de sí mismo responde a una misma cosa inexplicable e inentendible para la fortuna convencional, por lo que su idioma musical no es una cosa sencilla de abordar y mucho menos de interpretar a ciencia cierta. Toda esa cosa que se intenta interpretar acerca de Reynols y su música, es tan solo un lejano vislumbramiento que procede del sesgo propio del humano, haciendo la salvedad que el ver sin tapujos de por medio no es una cosa sencilla.
La esencia existencial de la manifestación Reynols ha generado interés y finalmente el aprecio de muchos artistas a lo largo del mundo, es que hay en todo ello, en todo eso expresado y en la historia de los sucesos pasados del grupo, un carácter de lo etérico y una sencillez que se ramifica volcándose desde un no lugar hacia ciertos sucesos artísticos, manifestados hasta alcanzar un sinfín de estados musicales.
Hay en todos esos sucesos nombrados una cualidad de misteriosa simpleza, una alegría por la expresión, una fuente inagotable de ideas creativas que se suceden cual reflejo de algo inentendible que procede de algún lado y llega hasta nosotros utilizando a Reynols como medio de expresión y a la música como medio de manifestación.
Reynols tiene editados más de cien discos en todo el mundo, a través de sellos norteamericanos, ingleses, alemanes, franceses y japoneses. La discografía de Reynols es enorme, ampliamente variada y ha ayudado a esparcir una influencia que ha alcanzado ecos fenomenológicos a lo largo de todo el planeta, dicho esto no resulta extraño el concebir que el grupo se ha codeado con muchos personajes de la vanguardia del mundo, tocando en vivo en el Lincoln Center de Nueva York en abril de 2000, compartiendo conciertos en vivo junto a Sonic Youth, o grabando discos junto a elementos como The Nihilist Spasm Band, Acid Mothers Temple, Pauline Oliveros, entre otros.
‘’Polos Mosco’’ de 1999 es una de las primeras manifestaciones discográficas de Reynols, una experiencia no primaria, pero sí original desde lo discográfico. De todas formas, esto no fue un impedimento porque poco después del lanzamiento de este disco y del comienzo de su experiencia musical colectiva, Reynols estaría ya en contacto con artistas de renombre en el mundo, expresando que no hay un principio para su experiencia sino una azarosa continuación de un tramo que provino y continuó hasta cierto punto, pero que no concluyó, sino que se hizo carne como reflejo parcial de una cosa total. Todo esto refleja también que en las manifestaciones de Reynols hay una cosa llamativa, una inocencia creativa que hace que todo lo que expresen se convierta en un acto de felicidad, con esa ambivalencia lograda por ellos que va desde la simpleza creativa hasta el hermetismo más particular debido a lo poco recurrida que es la música fuera de su estado comercial para los públicos masivos.
No es facil acercarse a las expresiones musicales de Reynols, debido a ese carácter que en lo convencional pueda ser entendido como una suerte de vanguardismo, expresado entre creaciones indeterminadas que surgen desde la experiencia como banda, grupo, con baterías, distorsiones, acoples, cantos libres, ruido sin atadura, construcciones sonoras y arremetidas sin la determinación previa de un prejuicio artístico. No hay una formalidad creativa que restrinja la experiencia musical de Reynols, sino que todo lo ejecutado posee ese grado tan alto de libertad como para manifestarse en un campo de amplitud exacta. No hay caracteres que restrinjan su experiencia, solo un acto de expresión per se.
Hay mucho qué explorar en este disco, así como hay mucho por explorar en toda la experiencia musical de Reynols, y tal vez su principal don sea aquel mismo don con el que cuenta el vanguardismo propiamente dicho, que es el de trascender las instituciones para volverse sus manifestaciones en nuevos valores creativos, esto en Reynols en una constante y todas sus creaciones son enseñanza pura, desafíos desde lo musical que surgen y están, con un don tan particular como excitante y misterioso, listos para ser planteados a la experiencia humana.
La psicodelia fue, en su momento, una derivación de todos los vanguardismos ocurridos hasta allí durante el siglo XX, tomando elementos desde el surrealismo, el dadaísmo, luego la música concreta y la electrónica más intelectual, la música de vanguardia, el minimalismo, las orquestas experimentales, y la música experimental en general. Todo ello convergió en la psicodelia, terminando de convertirse esta en un compendio de elementos de vanguardia que no hicieron más que nutrirla, inspirara, darle sustancia para los experimentos que en ella tendrían lugar, para terminar incluso de convertirse la psicodelia misma en uno de los vanguardismos más importantes del siglo XX.
Esta importancia radica en el hecho de que la psicodelia sirvió como fenómeno que contribuyó decisivamente al trocar de la vanguardia desde un lugar exclusivo e intelectual, para pasar a ubicarse esta hacia terrenos de la música popular, de allí el nacimiento del rock psicodélico, con todas sus ramificaciones, inventos e innovaciones importantes traídas para la evolución del rock y la música popular desde allí en adelante.
Pero el nacimiento de este rock psicodélico, que mucho tuvo de impacto en la música popular al romper muchas convenciones y traer la experimentación al campo de la música grabada, fue tan solo un aspecto derivado de la psicodelia y el ámbito del underground, que era donde se fermentaba todo ese real caldo de cultivo en el que las generaciones de jóvenes artistas plasmaban sus experimentos en muchas áreas del arte y así se retroalimentaba todo el entorno. Desde los lugares como la poesía de vanguardia o más bien la literatura en general, el cine, la pintura, escultura, teatro y ni hablar de la música, etc. Todo ello estaba allí y era parte del caldo de cultivo en el que jóvenes, artistas e intelectuales circulaban creativamente y se enriquecían del floreciente ambiente artístico que tuvo lugar ya desde primeros años de la década de los 60s en los Estados Unidos, e incluso posiblemente también desde algunos años antes.
Ese ambiente fue el lugar donde floreció el hipismo y de donde surgieron muchos referentes y/o bandas icónicas que aún se recuerdan hoy en día como precursoras. Desde Timothy Leary y su revolución ácida, hasta Grateful Dead y sus fiestas de ácido, artistas innovadores como Andy Warhol, o la misma Velvet Underground, etc. En ese ambiente se construyeron muchos referentes que son figuras hoy en día, pero también hubo personajes que se reusaron a la búsqueda de la popularidad y lo masivo, prefiriendo quedarse en la periferia para no relegar su arte a algo que encaje con el montón, y por ende emprender un viaje artístico lo más auténtico posible, toda una decisión filosófica de vida.
Quedan muchos rastros artísticos de esa vanguardia de la baja escena estadounidense, algunos referentes que generalmente también han sobrevivido al paso del tiempo, pero no con una fama masiva sino muchas veces como personajes de culto reconocidos solo por los allegados a esas artes más marginales frente a lo popular, desde novelas y poesía de escritores como los poetas de la generación beat y otros, cine alternativo experimental como las películas de Ira Cohen, entre otros cineastas, y en música también hay mucha tela que cortar.
De esa época fue el origen de la música minimalista, vanguardia que estuvo allí en ese momento del underground cuando surgió la psicodelia, por lo que estos géneros llegaron a codearse gracias a los artistas que circulaban el ambiente y llegaron a realizar muchos experimentos de forma conjunta. La psicodelia originaria pareciera algo crudo, ya luego se vertió hacia la música popular y la generación del rock la tomó para la creación del rock psicodélico. Pero antes de esa generación, hacia los primeros años de la década de los 60s, pareciera que la psicodelia se encontraba en sus orígenes y, aun sin el encuentro con el rock, ya gozaba de un carácter muy profundo en cuanto a lo experimental, expresada muchas veces en forma de música drone, ejecutada en aquelarres experimentales, expresada en rituales por artistas con curiosidades místicas, lo dicho en su encuentro con el minimalismo, además de todo ese mundillo vanguardista que se nutrió de lo experimental.
Arte por Angus McLise
De los tantos personajes de ese underground psicodélico aparece un nombre que es el que Angus MacLise, un personaje que fue fiel reflejo del típico joven contracultura de la época, que se negó a llevar una vida formal y rechazó muchas convenciones. Tal fue el punto, tanto se negó a ser encasillado, que rechazó las formalidades en su producción artística, cosa que lo llevó a rechazar también la búsqueda de fama para reafirmar así su pertenecer a un lugar de oscuro under creativo. En parte este artista es conocido porque fue el primer baterista que tuvo la formación de la mítica Velvet Underground, banda que en algún punto comenzó a refinar sus producciones alternativas para darle forma de canción y así buscar más afinidad con lo popular. Angus MacLise se negó a esa propuesta y abandonó la banda de inmediato cuando esta decidió tomar ese camino. En su lugar, el artista prefirió seguir pululando por ese ambiente más bajo pero de mayor libertad, su obsesión fue la de la libertad sin concesiones, y en ese lugar llega el planteamiento que es el de hacer el arte por hacerlo, por convicción y pasión, y no por una búsqueda de fama o popularidad.
Angus MacLise nació en Bridgeport, Connecticut, el 4 de marzo de 1938, trabajó en multimedia y en el movimiento Fluxus, diseñó su propia caligrafía, fue poeta místico, actor, editor, librero y viajero por el mundo. También fue miembro fundador del Theatre of Eternal Music junto a La Monte Young, grupo participe de la creación de los primeros minimalismos, grupo por el que pasarían músicos como John Cale y Terry Riley, entre tantos otros. Como músico MacLise tomó clases de percusión latina, estudió técnica de jazz, música de danza medieval europea y percusión de forma libre.
La vida de Angus MacLise fue una de bohemia, dedicó gran parte de su existencia terrena a viajar por el mundo, a experimentar con su arte al cual nutria con experiencias con otros artistas, conociendo personas y aprendiendo de cada lugar. En sus propias palabras: ‘’Seguí un camino a través de la poesía, la caligrafía, la música y el viaje, vibrando con tantos seres como fuera posible’’. MacLise mantuvo una estrecha relación con la mayoría de las figuras creativas de su época, especialmente más con algunos, entre ellos el artista Ira Cohen, un poeta, cineasta, fotógrafo y artista visual que también viajó por el mundo.
Ira Cohen fue además el creador de lo que él denominó como la ‘’Mylar Chamber’’, una sencilla sala de paneles con bisagras, cubiertos por películas reflectantes de Mylar. El espacio funcionó entre 1968 y 1971, en un loft de la calle Jefferson de Nueva York, donde el artista se dedicó a fotografiar a un sinfín de músicos y personalidades del momento, creando algunas de las imágenes más míticas de finales de los años sesenta. A través de contactos, Ira Cohen invitó a los visitantes a interpretar su propio yo en este pequeño teatro simbolico-lisergico, entre ellos Jimi Hendrix, William Burroughs, Vali Myers, Jack Smith, Alejandro Jodorowsky, Lionel Ziprin, Ching Ho Cheng, Petra Vogt, Charles Ludlam, John McLaughlin y el grupo de rock Spirit. Por supuesto, Angus MacLise también pasaría por esa cámara y sería fotografiado.
Las creaciones de Ira Cohen pasaron también por la realización de algunos films experimentales, dirigidos por él mismo, entre ellos ‘’Kings With Straw Mats’’ y ‘’Brain Damage’’. ‘’The Invasion of Thunderbolt Pagoda’’, de 1968, fue originalmente otra de sus películas, un mediometraje experimental dividido en tres partes: "The Opium Dream", "Shaman" y "Heavenly Blue Mylar Pavilions", que muestra el quehacer de unos personajes oscuros y sus andanzas entre opiáceos y rituales extraños. El film fue creado y dirigido por Ira Cohen, con participación de Angus MacLise como parte del reparto de actores, MacLise también se encargaría de componer la música que luego sería utilizada como banda de sonido de la película.
El film pertenece al under psicodélico de la época y con el tiempo se ha convertido en un elemento de culto referente para el cine alternativo o experimental. En este film Cohen utiliza sus inventos con reflectantes de Mylar para capturar las escenas de muchos momentos aparecidos en la pelicula, mucha de la visual aparecida en la película transcurre por un lugar de alteración visual de estilo psicodélico.
Angus MacLise en el Mylar Chamber, foto por Ira Cohen
La música compuesta por Angus MacLise es tan incierta como el film mismo, por lo que resulta perfecta para musicalizar dicho delirio fílmico. Esta música también es un reflejo del arte de MacLise, algo amplio, indeterminado, totalmente experimental, lisérgico, casi como un fragmento de la psicodelia misma, una concepción musical en la que no hay comienzo ni final, solo una cosa sucediéndose cual ambiente psicodélico perdido en un ritual de oscuridades y misterios. La música de la película es una cosa que se sucede sin cortes, de principio a fin dentro de una ejecución muy extensa de casi media hora de duración. Estos sonidos son un reflejo de la inquietud del artista por nutrirse de muchos elementos, por lo que en esos ambientes indeterminados convergen percusiones de tipo hindú, con drones también salidos de tampuras hindúes, y otros agregados como voces, órganos, flautas y guitarras. Esta musica tiene un vinculo directo con el minimalismo, debido a que toda la producción sonora es una cosa indeterminada que fluye en una misma aura, casi como el minimalismo mismo, la influencia está a la vista, y es un reflejo del vinculo intimo que tuvieron la psicodelia con el minimalismo, compartiendo estrechos lazos con la espiritualidad de la India, cohabitando el mismo ambiente creativo y teniendo en común esa inquietud por experimentar y salirse de las convenciones.
Las grabaciones musicales de Angus MacLise quedaron archivadas en su época, pero con los años han comenzado a aparecer en la palestra pública gracias a algunas publicaciones independientes. Ya en 1988, Fierce Records lanzó un sencillo con algo de su música. Luego otros sellos han hecho su parte, apareciendo en 1999 el cd llamado ‘’The Invasion of Thunderbolt Pagoda’’, un lanzamiento que compila, entre otras cosas, la música creada por el artista para la película que lleva el mismo nombre, de ahí el título de dicho lanzamiento. A partir de ese lanzamiento de 1999, otras varias publicaciones de larga duración han sido liberadas a lo largo de las últimas décadas, y con ellas, algo del basto material musical dejado por Angus MacLise ha logrado salir a la luz y llegado a la superficie. Este prolífico artista siempre pertenecerá a un lugar del arte más ‘’marginal’’, por su condición tan experimental como creador, pero su legado es basto y vale la pena explorarlo, especialmente para amantes de la lisérgica y las artes alternativas.