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domingo, 12 de marzo de 2023

Igor Wakhévitch - Hathor (Liturgie du Souffle Pour la Resurrection des Morts) (1973)

He aquí otro álbum inclasificable de un autor inclasificable, un trabajo ya embebido en electrónica, con un mayor uso de teclados, sintetizadores y técnicas de bucle que en sus anteriores lanzamientos, que le dan a la interpretación una potencia interesante mientras se conduce en un trance oscuro hacia un sub estrato entre el cielo y el infierno.

Aquí hay mucho que escuchar y ese todo no se puede reducir recelosamente en una etiqueta prog de tipo ‘’progressive electronic’’ o algo del estilo. Esto es más bien, como siempre, un invento propio y de una exclusividad impoluta propia del auto, que sí bebía de muchas fuentes artísticas y escuchaba y se nutría de una gran variedad de fuentes musicales, pasando incluso por el rock y jazz de la época, pero aquí hay algo más, no solo una etiqueta plástica.

Primero que nada todo el trabajo, como se ha dicho anteriormente, es inclasificable, ya que cada pista transcurre, pese a la electrónica y a una misma idea conceptual, en un mundo diferente y representa un paso más en el ritual que es todo el álbum. Comenzando con un himno en el primer track, ‘’Hymne à Sathanael (aimantation Des Forces)’’, que da lugar a lo siguiente y anima lo oscuro de la situación; es un himno pero no se esperen algo fácil, es perverso y oscuro. A esto lo sigue un espectro de aplicaciones electrónicas luciferinas ya más volcadas en un ambiente espectral, para la segunda pieza del trabajo llamada ‘’Grand Sabbat Luciferien (régime Des Arches)’’. O por ejemplo para la tercer pieza del disco aparece ‘’Rituel De Guerre Des Esprits De La Terre’’, con extrañamente una sesión de beats electrónicos hipnóticos y siempre por supuesto oscuros y ritualisticos, unos beats perversas que tranquilamente podrían ser bailados.

El resto del trabajo continúa por esa línea, recitaciones, implementos corales volcados a lo oscuro, diversos tipos de implementos corales y diversos tipos de ambientes de electrónica, efectos varios que transcurren por detrás, ambientes de diversa manufactura, todo un repertorio de ideas de vanguardia volcadas a proseguir sin temor al qué dirán, y que seguramente nazca desde el conocimiento profundo de ciertas verdades innombrables, por una línea conceptual que une todo lo dicho en una sola cosa, en la mismísima vida y sus misterios.

Todo el disco es una exploración por terrenos de sonidos y diversos efectos electrónicos, sumado a una performance de voces también espeluznantes que avivan las llamas de la creación y el resurgimiento, voces de diversa manufactura entre técnicas tibetanas y arreglos corales oscuros de conjunto; esta combinación de lo electrónico y lo gutural se unen en una danza de existencia, en una paradoja perversa de muertes y parafernalias de lo de lo vivido entre las esferas del hombre y del más allá.

Además, por tratarse de un disco conceptual, como la mayoría de sus publicaciones, y por tratarse de un autor de vuelca, casi como filosofía de vida, su cosmovisión pura en su producción artística, esta música se vuelve un canal en lo que algo desconocido se manifiesta, un reflejo que ejemplifica los profundos estratos del espectro existencial del espíritu encarnado y sus experiencia previas, actuales y probablemente también visiones hacia las futuras. Y es que además el autor es un personaje de visiones profunda, aenigmas y conocimientos asimilados de una realidad que es tan real pero esquiva a la mayoría, no es de extrañar este tipo de sonidos conociendo algunas palabras propias de este músico creador.

No es fácil adentrarse en esta música, porque en sí el autor es un innovador incansable, y porque lo único que une en una cosa cohesiva a esta obra es un concepto oscuro, mientras que en la música se transita por diversas vertientes mientras la paradoja de vanguardia y de existencia se hacen carne viva en un ritual de resurrección de los muertos.

‘’Hathor (Liturgie du Souffle Pour la Resurrection des Morts)’’, de 1973, es una obra que combina la profunda búsqueda musical del autor entre influencia de electrónica, rock, música clásica, etc, además de reflejar sus visiones de vanguardias, su cosmovisión sobre el devenir a lo largo de las distintas vidas, además de representar cualquiera sea la cosa que el creador de esta obra haya quiero reflejar. Sus visiones no son fáciles, sus técnicas de vanguardias y su escucha es un intento por transcribir lo innombrable hacia uno de los idiomas universales, la música.


Cod: #1721

domingo, 3 de enero de 2021

Igor Wakhévitch - Docteur Faust (1971)

El término ‘’vanguardismo’’ puede entenderse desde varias nociones, especialmente en Francia, cuna de muchos artistas y bandas que se mofaron del espíritu público y lo retorcieron hasta convertirlo en una cosa inentendible e inaceptable para el público común que generalmente espera de la música algo masticable, bailable y desechable. Fue en ese país donde esa corriente de vanguardia se esparció por muchas vertientes diferentes. Estaban los jóvenes rockeros que crecieron bajo el mandato moral post segunda guerra mundial pero que, influenciados por la contracorriente estadounidense (blues-rock, psicodelia) y el floreciente jazz fusión (Zappa, Soft Machine), hicieron de las suyas deformando al rock y volviéndolo decididamente experimental y de vanguardia. También estaban los experimentadores del vanguardismo de la rama más académica, entre los que se destacan figuras como Pierre Schaeffer, que se encargaron de hacer de las suyas en el terreno vanguardista de la música concreta, tomando nociones académicas y deformándolas también para el desprecio de las masas. Y en esta vaga y amplia concepción de lo que es el ‘’vanguardismo’’ también aparece la figura de Igor Wakhévitch, otro creador que se suma a las filas del fructífero vanguardismo francés, de esos artistas que son inclasificables, de esos creadores que trajeron sonidos nunca antes escuchados y experimentaron mucho más allá de lo esperado, corriendo los límites de lo posible muy por fuera del espectro de lo popular e imaginado.

Su música, como siempre, es prácticamente inclasificable, por consistir y haber sido creada por la combinación de diversos factores que convergen en una expresión de sonoridad experimental/vanguardista, surgidas de una cosmovisión muy profunda y totalmente personal, lo que hace que se acreciente la peculiaridad de su estilo. Es música autentica en el sentido profundo de la palabra, ya que se trata de la plasmación de procesos y visiones internas que surgieron como momentos significativos y llevaron a su creador hacia un viaje creativo sin límites, utilizando muchos elementos compositivos de punta con los que transgrediría incluso a la música transgresora, pervertiría a los pervertidos, porque con su estilo nos ha enseñado y aun nos sigue enseñando que no hay parangones a la hora de componer, y en todo caso, si los hay, es porque los propios creadores se los imponen sabiendo muy bien que experimentar más de la cuenta sería un horror para sus intereses comerciales.

Igor Boris Wakhévitch, nacido el 12 de mayo de 1948, en Gassin-Saint Tropez, Francia, es un músico y compositor francés de música de vanguardia, electroacústica y experimental, que ha trabajado en muchas direcciones musicales, siempre sensible a las nuevas formas de expresar las construcciones del sonido. Fue uno de los primeros compositores de su generación en introducir en sus composiciones varios tipos de teclados electrónicos, sintetizador Moog, sintetizador ARP, órgano electrónico, etc. Sus álbumes se encuentran entre los trabajos más impresionantes de música experimental lanzados en Francia en los años 70. Su estilo musical está fuertemente influenciado por la vanguardia contemporánea, el dodecafonismo y las experimentaciones sonoras. A finales de los años 60, trabajó para el "Grupo de investigación musical" francés, bajo la dirección de Pierre Schaeffer. Sus primeras piezas electroacústicas tienen relaciones cercanas con otros precursores franceses como Luc Ferrari o Bernard Parmegiani. Sus primeros trabajos revelan formas y modulaciones espectrales bastante eficaces que concentran al oyente en paisajes mentales inmersivos y muy oscuros. (Durante este período temprano, Igor Wakhevitch también fue un gran amigo de Robert Wyatt y Mick Ratledge).

En 1970 publica su primer disco solista llamado ‘’Logos’’, con el que deja notar que su concepto musical trasciende mucho de lo que conocemos y aceptamos como válido, es que las visiones que comienza a plasmar contienen incursiones hacia terrenos de lo que tal vez sea una concepción metafísica de la música, o tal vez de la vida o el universo mismo. Acerca de este disco él autor declararía: ‘’En la contraportada de mi primer álbum "Logos", escribí que solo soy un "canal", no el "autor" de una música que yo llamaría "mía", trato solo de manifestar lo mejor posible algo que viene desde dentro de mí, a través de las herramientas que están a mi disposición: conciencia, alma, mente, cerebro... y los diversos sentidos que dotan al cuerpo humano. ’’. 

Ya desde su primer publicación denotaría con sus propias palabras esa relación particular que tendría desde el comienzo con la cosmología y el universo, proceso que también, por supuesto, llevaría a cabo en su segunda publicación como solista, ‘’Docteur Faust’’, de 1971. Él declararía que cada una de sus publicaciones ‘’refleja un segmento personal y particular del camino interior que desciende en nuestro encuentro, los seres humanos’’, dando a entender a sí mismo, y al mismo humano, como una especie de canal transmisor de una avanzada inexplicable pero totalmente tangible que brota en lo interno de cada uno. Pero esa suerte de avanzada interna, de bruma que surge como un camino que continúa imperecedero y continuará eternamente, es ese camino el que debe ser descubierto, estando en lo posible en un estado receptivo para poder percibir lo real de lo imperecedero. En ese sentido, y siendo el mismo Wakhévitch quien lo declararía, cada una de sus publicaciones refleja una experiencia de encuentro con lo desconocido y representa un peldaño evolutivo que se sucede progresivamente y que refleja a ‘’aquello’’ manifestándose en uno y cómo ello van expandiéndose en la realidad, como en una suerte de ‘’avance’’ entre los conceptos, que no siguen una línea racional que podamos llamar ‘’evolutiva’’, sino que es una manifestación que se comporta de acuerdo con sus propias reglas etéricas.

En ese panorama, ‘’Docteur Faust’’ continua un concepto comenzado en su primer disco, reflejando inmediatamente desde sus primeros instantes sonoros que se trata de una música de una significación personal muy fuerte, dotada de sonidos representativos, simbólicos, creados en base a elementos de vanguardia que el mismo compositor reordenó de manera particular para recrear sus sensaciones internas que surgen de experiencias y momentos innombrables. Sería injusto tildar a este estilo simplemente de ‘’música progresiva’’, porque, aunque si bien es un estilo que avanza progresivamente en un continuo de sucesos y eventos sonoros conformándose en la avanzada del tiempo, también vale recalcar que no es estricto rock progresivo. Muchos de los mismos elementos están puestos en juego en esta música pero están reordenados bajo visiones diferentes, sumados otras plasmaciones de vanguardia que se suman para enriquecer una música que es un encuentro continuo de un sinfín de elementos.

Instrumentalmente hablando se trata de experimentos sin nombre pero con un fulguroso espíritu plasmado por un creador entusiasta e innovador para la época. En esta música convergen las experiencias previas del autor en tanto a música concreta y vanguardismo académico, también aparecen arreglos orquestales y clásicos de carácter tenso, surge también el rock de la época en algunos elementos como bases o guitarras distorsionadas, y también hay una experimentación que une a todos estos elementos y que surge, a la vez, como otro condimento que se deja ver entre sonidos, efectos, agregados de voces macabras, pasajes oscuros y elementos de un aparente desconcierto total. Todos estos condimentos de aúnan en una única visión creando una música de punta con intrínsecas significaciones cosmológicas y su evidente derrotero de creatividad que se vuelva en algo inexplicable, cósmico, metafísico, etc.

Publicado en 1973, el suntuoso "Hathor", su tercer disco solista, marca un giro en la carrera personal de Wakhévitch. Fue grabado después de que conoció a Terry Riley (el padre del minimalismo espiritualizado). "Hathor" está profundamente impregnado de elementos mágicos y teóricos. En 1974 el pintor surrealista Salvador Dali le pidió a Igor Wakhevitch que compusiera la música de su 'poema-ópera en seis partes' titulado "Être Dieu", obra en la que Wakhévitch representa atmosferas electrónicas sobre las que Dalí recita sus poemas surrealistas en francés. El álbum fue grabado en los estudios EMI en París (Boulogne), interpretado por Dalí en persona y varios actores (Delphine Seyrig, Alain Cuny, Ramond Gérôme, Catherine Allegret, Didier Haudepin, Léon Zitrone), oradores y cantantes, una orquesta de cuerdas, el coro, la soprano solista Eve Brenner, el percusionista Sylvio Gualda y una banda de rock. ("Sputnik & Statistik") Durante los años 80, Igor Wakhevitch decidió vivir en el sur de la India, escribió partituras musicales para el Instituto Goethe y el Centro Nacional de Artes Escénicas en Bombay (en 1991). Las últimas publicaciones de Wakhévitch están en gran parte reservadas para teatro, representaciones de ópera, piezas electrónicas épicas para orquestaciones y sintetizadores de meditación directa.

Cod: #1517

martes, 31 de diciembre de 2019

Salvador Dalí - Être Dieu (Ópera-Poema) (1974)

El movimiento del surrealismo no se manifestó tan considerablemente en la música como sí lo hizo en la literatura y la pintura, pero vale la pena recalar en esta obra que es uno de los grandes hitos que el movimiento supo dar en materia sonora y que a la vez es un trabajo que reivindica enormemente al surrealismo. En 1927, Salvador Dalí comenzó a escribir el libreto para su autoproclamada opera-poema ‘’Être Dieu’’, junto con Federico García Lorca, pero esta, por varias razones, quedó trunca, y no sería sino hasta principios de los 70s cuando retomaría el proyecto, al cual le daría vida definitivamente.

Estamos hablando de un muy ambicioso proyecto musical ideado por Dalí, una autentica opera experimental de un tamaño gigantesco y que conoce de una producción de un nivel exquisito. Se trata de una ópera poema audiovisual dividida en seis partes y con libreto no solo de Dalí sino también de Manuel Vázquez Montalbán, ambos terminarían de escribir el libreto luego de extensas charlas que tendrían juntos. La música de la obra fue compuesta por Igor Wakhevitch, un brillante compositor francés reconocido por sus innovadores trabajos y por ser un gran compositor de música de cámara y un innovador incansable de músicas experimentales, electrónicas, etc., Wakhevitch era el compositor ideal para musicalizar esta obra.

A lo largo de los seis episodios que dura la obra se explora incansablemente las posibilidades de la composición sinfónica y de la creación sin fronteras que combina cuanto elemento se les haya ocurrido. Cada parte cuenta con su propia forma y sus propios delirios: arreglos de cuerda, percusiones, electrónica, discursos dramáticos, poesía surrealista, coros celestiales, arreglos vocales, rock y efectos especiales; todo esto mezclado y volcado en una única música tan diversa y rupturista como surrealista, provocativa, mística y decadente.

La música sirve perfectamente para ilustrar los paisajes sobre los que Dalí recita sus escritos y además improvisa en el momento con sus ocurrencias y delirios varios, tanto en español como en francés, haciendo ‘’Gala’’ de su típico estilo excéntrico y elocuente, por demás rupturistas y provocativo. Durante la grabación, Dali se negó a seguir el texto de Montalban palabra por palabra y comenzó a improvisar alegando que "Salvador Dali nunca se repite". 


El trabajo se llama ‘’Ser Dios’’ y justamente se presenta a Dalí como Dios. Sus salidas de tono llegaban a incluir parlamentos propios atacando con saña las reivindicaciones más urgentes del momento: la democracia, el divorcio o el aborto, todo ello, téngase en cuenta, en un texto firmado por Vázquez Montalbán. El libreto es un reflejo de la propia personalidad de Dalí, tratando temas además como la creación, el nacimiento, la muerte, reencarnación y demás temas metafísicos objeto de estudio del pintor español. Si bien la obra se grabó en 1974, no fue sino hasta 1985 cuando fue publicada, y no fue para nada un éxito comercial, tuvo una tirada de apenas 500 copias, y además venía con un extenso booklet, hoy se convirtieron en inconseguibles piezas de coleccionismo.

Ya que Dalí es quien encabeza esta enorme producción podría decirse que se trata de una obra ‘’surrealista’’,  ya que de otra manera no sería posible consignar esta música bajo una etiqueta concreta, es tal el grado de experimentación y delirio de estos sonidos que para concebirlos teóricamente habría que detectar los distintos condimentos que se unieron para dar vida a la enorme masa creativa que es el producto final.

La obra fue ideada varias décadas antes de su lanzamiento por el mismo Dalí pero si no fuese por la participación de Igor Wakhevitch tal vez la obra no hubiese sido posible, Wakhevitch era tan talentoso creando músicas ‘’surrealistas’’ e innovadoras tanto como lo era Dalí para crear sus pinturas; esa presencia en la composición dio lugar a que todo el ideario e imaginario musical que Dalí tenía en mente se pudiera hacer realidad. 

La presencia de Dalí no solo fue importante por ser quien ideó gran parte de la obra sino que al ser una personalidad tan fuerte atrajo a innumerable cantidad de otros personajes notables. De la obra participaron, la notable soprano Eva Brenner, las actrices Delphine Seyring y Catherine Allegret, musicos como Jean Pierre Castelain y Francois Auger, sin olvidar la presencia de Brigitte Bardot y Marilyn Monroe, y por supuesto, la orquesta sinfónica de París. 

Cod: #1401

sábado, 18 de mayo de 2019

Igor Wakhevitch - Logos (1970)

Igor Boris Wakhévitch, nacido el 12 de mayo de 1948, en Gassin-Saint Tropez, Francia, es un músico y compositor francés de música de vanguardia, electroacústica y experimental, que ha trabajado en muchas direcciones musicales, siempre sensible a las nuevas formas de expresar las construcciones del sonido. Fue uno de los primeros compositores de su generación en introducir en sus composiciones varios tipos de teclados electrónicos, sintetizador Moog, sintetizador ARP, órgano electrónico, etc. Sus álbumes se encuentran entre los trabajos más impresionantes de música experimental lanzados en Francia en los años 70. 

Su estilo musical está fuertemente influenciado por la vanguardia contemporánea, el dodecafonismo y las experimentaciones sonoras. A finales de los años 60, trabajó para el "Grupo de investigación musical" francés, bajo la dirección de Pierre Schaeffer. Sus primeras piezas electroacústicas tienen relaciones cercanas con otros precursores franceses como Luc Ferrari o Bernard Parmegiani. Sus primeros trabajos revelan formas y modulaciones espectrales bastante eficaces que concentran al oyente en paisajes mentales inmersivos y muy oscuros. Algunas piezas contienen instrumentaciones amplias y espaciadas en el género de los clásicos del krautrock cósmico (durante este período temprano, Igor Wakhevitch también fue un gran amigo de Robert Wyatt y Mick Ratledge).

Logos, de 1970, fue su primera incursión como solista, y vale hacerse un tiempo para examinar cuidadosamente esta música ya que es muy particular, contiene una tensión especial que hace de la escucha toda una experiencia significativa. Desde el comienza ya se deja notar que el concepto musical trasciende mucho de lo que conocemos y aceptamos como válido, es que las visiones aquí plasmadas (musicalmente) contienen subrepticias incursiones hacia terrenos de lo que tal vez sea una concepción metafísica de la música, o tal vez de la vida o el universo mismo.

Se trata de un estilo más que único y difícil de determinar, nacido del entrecruce de música clásica moderna y creaciones sonoras vanguardistas, con toques electrónicos y efectos de sonido, canto coral, percusiones rituales y un uso particular del espacio que hace de las piezas, aunque en su mayoría no muy extensas, unas auténticas excursiones hacia tierras desconocidas. Todos estos elementos aunados bajo una misma visión cósmica, caótica y oscura, hacen del sonido algo irreconocible y lamentablemente desconocido para el público general.


Hay muy pocos instrumentos de pop o rock utilizados. Por lo que se puede oír hay un uso de elementos orquestales al servicio de la construcción vanguardista del sonido, con zumbidos electrónicos, coros que evocan epopeyas oscuras y percusiones rituales que evocan a la entrada del ser hacia un nuevo estado perceptivo. La completa concepción de '’Logos'’ suena como si perteneciera a una ópera vanguardista o una gran obra ambiciosa y oscura por demás. En donde más el sonido se acerca a una concepción que tiende a algo conocido es en el track llamado ‘’Dance Sacrale’’, donde se puede escuchar un bajo, un piano y una batería, un track donde aparecen algunos elementos familiares, pero de todas formas no deja de ser una piezas frenética y descontrolada, como todo el resto del disco.

El sonido de este trabajo guarda en sí varios enigmas aún por resolver, sería bueno poder contar con la palabra del mismo compositor para explicar lo que aquí quiso decir pero hay varios indicios de los que podemos sacar algunas conjeturas: por ejemplo algunos nombres de los ‘’temas’’ como ‘’iniciacion’’, ‘’mineral, vegetal, animal’’, ‘’homo sapiens ignorabimus’’, ‘’delirio’’, o el mismo nombre del disco ‘’Logos’’, que filosóficamente significa ‘’una inteligencia superior detrás de todas las cosas’’. Estos nombres dan cuenta de un pensamiento metafísico, científico, filosófico, tal vez el autor haya intentado retratar al destino cosmológico detrás de la evolución de la biología y la cultura humana, siendo que estos funcionaran bajo un destino consignado por una inteligencia que funciona detrás de todas las cosas. O tal vez no se trate de nada de esto…

Publicado en 1973, el suntuoso "Hathor", su tercer disco solista, marca un giro en la carrera personal de Wakhévitch. Fue grabado después de que conoció a Terry Riley (el padre del minimalismo espiritualizado). "Hathor" está profundamente impregnado de elementos mágicos y teóricos. En 1974 el pintor surrealista Salvador Dali le pidió a Igor Wakhevitch que compusiera la música de su 'poema-ópera en seis partes' titulado "Être Dieu", obra en la que Wakhévitch representa atmosferas electrónicas sobre las que Dalí recita sus poemas surrealistas en francés. El álbum fue grabado en los estudios EMI en París (Boulogne), interpretado por Dalí en persona y varios actores (Delphine Seyrig, Alain Cuny, Ramond Gérôme, Catherine Allegret, Didier Haudepin, Léon Zitrone), oradores y cantantes, una orquesta de cuerdas, el coro, la soprano solista Eve Brenner, el percusionista Sylvio Gualda y una banda de rock. ("Sputnik & Statistik") 

Durante los años 80, Igor Wakhevitch decidió vivir en el sur de la India, escribió partituras musicales para el Instituto Goethe y el Centro Nacional de Artes Escénicas en Bombay (en 1991). Las últimas publicaciones de Wakhévitch están en gran parte reservadas para teatro, representaciones de ópera, piezas electrónicas épicas para orquestaciones y sintetizadores de meditación directa. 

Cod: #1349