9 mar. 2017

Syrius - Devil's Masquerade (1972)

‘Syrius’ nace en Budapest, Hungría, a principio de los 60s, fundada por el saxofonista Zsolt Baronits, quien se volvería el pilar del grupo, permaneciendo en todas las etapas y distintas formaciones por las que transcurrirían. Comienzan haciendo beat y pop rock, música bailable, manteniéndose la formación original hasta 1968, año en que se separarían. Es ahí cuando el grupo se rearma, tomando un camino musical diferente, hacia el jazz-rock y progresivo. 

A finales de 1970 arriban a Australia, allí consiguen contrato de grabación y comienzan con el trabajo y producción de su primer lanzamiento. Tras un año de giras en el país, logran lanzar su primer disco, dejando sólo un pequeño número de copias vendidas, utilizadas principalmente para fines promocionales. Por problemas económicos debieron volver a su Hungría natal, allí también publicarían el disco, en 1972, también con un número muy limitado de copias. 

En este primer álbum presentan un esmerado sonido de jazz fusión, al cual enfatizan con complejas estructuras jazzísticas abrumadas de progresiones y cambios, suavizadas estas por las partes melódicas cantadas que se entremezclan y por el hecho de que no hay distorsiones ni guitarra eléctricas, sino que tanto saxos, flautas y pianos son los ingredientes instrumentales más presentes. 


El sonido es dinámico y se mantiene en constante construcción, y conforme avanza no deja de reflejar la gran cantidad de influencias y elementos aunados al resultado final, que es un sonido muy agradable y portentoso. La aparición de algunos teclados traen reminiscencias del rhythm/jazz de Jimmy Smith, también desfilan algunas influencias ‘Krimsonianas’, o momentos tipo Atomic Rooster. Instrumentación estilo Zappa, de hecho ellos abrieron varias veces en vivo para The Mothers of Invention y no sería raro que hayan sido influenciados por dicha banda de forma directa.

El sabor a funky, soul y/o blues/jazz nunca se pierde y hace de las progresiones algo muy agradable para escuchar, combinadas estas con partes melódicas, son la prueba de la habilidad compositiva que tenían. Se suele catalogarlos entre el grupo de bandas progresivas húngaras, pero son definitivamente más conocidos en Australia que en su país de origen. 

En 1976 publicarían un segundo disco. Luego volverían a Australia, pero algunos miembros del grupo se alejarían y en 1978 se disolvería la formación. Recién en el 2000 una reunión volvería a unir al grupo, para dar un concierto en vivo que sería grabado y publicado en el disco ‘The Last Concert ’, del 2008.

Cod: #1279

1 mar. 2017

Granada - Hablo De Una Tierra (1975)

Mi primer encuentro con esta obra fue hace 2 años cuando tenía 16 años. No recuerdo si primero me topé con “El patio” de Triana o con el álbum que hoy nos convoca, pero si recuerdo que me llamó más la atención “Hablo de una tierra”. En ese momento yo nunca había escuchado sobre el llamado rock andaluz ni mucho menos sabía lo que era. Entonces lo que hice fue dejar de lado a Triana para escuchar de lleno este álbum de Granada y hasta hoy no he podido escuchar ni un solo álbum de Triana. Pero dejemos de lado posibles conjeturas que se podrían tejer en base a no haber oído a Triana. Digo esto porque en varias ocasiones me he topado con amigos que me dicen “¡empieza por el patio de Triana!”, en el preciso instante en que les empiezo a hablar de mi predilección por este grupo madrileño. No os confundáis, Granada no es un grupo oriundo de la provincia española del mismo nombre, según se dice el nombre de la banda viene de la fruta.

Para poder apreciar la dimensión de este álbum debemos de hablar de uno de los líderes que mantuvo vivo al grupo hasta su disolución en 1978. Nos referimos a Carlos Cárcamo, un músico multi-instrumentista proveniente de Cantabria. Dicho esto, Cárcamo ya había pasado por un grupo madrileño llamado Skorpis, que llegó a grabar dos singles maravillosos. Ahora, yo he llegado a desarrollar cierto respeto hacia este músico, más que todo por su gran talento digno de resaltar y por esa personalidad tan humana que tuvo. En otras palabras, una persona capaz de saber transmitir verdaderos sentimientos a través de su música. Es por eso que recuerdo con tanto cariño este álbum a pesar de que sea tan cambiante (para mí no es correcto llamarlo desprolijo).

Se dice que Cárcamo inició el proyecto de Granada con mucha cercanía a Andalucía. El gran Manolo Sanlúcar participó en el tema que da título al álbum. Tal vez sean estos los motivos por los cuales ciertas partes del álbum generan esas reminiscencias a tierras andaluzas, ese sobrecogimiento que advierte la pronta llegada de la verdad o incluso de la libertad.

Se dice por ahí que Granada no hace rock andaluz pero tiene afinidad con él, su mezcla de músicas tradicionales y “rock sinfónico” hace enriquecer su sonido con un sin fin de matices interesantes.  

Luego de una serie de investigaciones podemos llegar a decir que el rock andaluz no es un estilo sino un movimiento musical que nació con el nombre de rock con raíces pero luego se cambió a rock andaluz porque era más fácil de decir. Pero se han llegado a generar varios conflictos con esta denominación ya que existen varios grupos que si bien son catalogados como rock andaluz ellos prefieren no considerar su música como tal. Al fin y al cabo concuerdo con los que dicen que no es necesario que se defina un estilo de música ligado estrictamente a Andalucía ya que se estaría excluyendo deliberadamente a los demás grupos. La premisa siempre fue “rock con raíces” venga de donde venga.

Hoy no vamos a llegar a ninguna conclusión ni tampoco vamos a ahondar en el tema ya que es bastante extenso y aún requiere mucha más investigación de mi parte. En un futuro presente haremos varias entradas dedicadas de lleno a este tema.


Pasemos de una vez por todas al comentario del álbum. Hablemos de una tierra, hablemos de una gran obra. Cuando escuché por primera vez este álbum sinceramente quede maravillado más que todo con la canción “Rompiendo la oscuridad”, un tema mágico de principio a fin, evocador del cambio tan anhelado, clara representación de esa delgada línea que separa la verdad de la mentira, demostrando que es posible romper esa barrera con una simple premisa de vida.

Luego de unos meses volví a escuchar el álbum pero esta vez ya era una persona mucho más dispuesta a sumergirme en cada paisaje que te plantea una canción. Recuerdo que eran las cinco de la mañana, estaba en la puerta de mi cocina, conecté los parlantes y sin pensarlo dos veces puse este álbum. Lo que pasó después fue una experiencia que hasta ahora la recuerdo, una experiencia que hace que de repente valores tu vida, valores ese momento y dejes de atormentarte con el pasado y delirar con el futuro. Casi siempre uno escucha un álbum dentro de su habitación, bajo cuatro paredes con un equipo de sonido o incluso con los auriculares, pero déjenme decirles que no hay nada mejor que escuchar música con la vista puesta en un paisaje, aun este siendo citadino, en ese sentido Cusco (mi cuidad) sigue teniendo esa magia por las madrugadas cuando el sol emerge de las montañas y va iluminando las estrechas calles del centro. Recapitulando, la música empezaba, fuera de mi cocina se encuentra un pequeño balcón por el cual puedes observar todo el centro histórico del Cusco, eran apenas las cinco de la mañana, los pájaros empezaban a cantar, las campanas de la iglesia comenzaban a sonar, el frio se empezaba a disipar… Un momento de ensueño que estoy seguro marco una etapa de mi vida. Momentos en los cuales no te arrepientes de haberte levantado temprano tan solo para ver el amanecer junto al canto de un mellotrón en sintonía con el de un ruiseñor. Tan solo recordar cuando empezó a sonar la canción “Hablo de una tierra”, viene a mi mente el paisaje sombrío que generan las iglesias ante el recuerdo de una civilización sepultada bajo mis pies, el recuerdo de una guerra, la eterna desdicha de los vencidos y condenados a vivir bajo la sombra de otra civilización que impuso su ideología.

Aclaro que no voy a reseñar canción por canción, no soy un crítico musical ni estoy de acuerdo con los que adoptan ese personaje. Ya he dicho todo lo que sentía que debía de decir respecto a este álbum, lo que me nacía. Solo podría acotar que yo tiendo a dividir esta obra en varias partes solo que aún no puedo dar una división exacta. Por un lado está la cara A del álbum con las siguientes canciones: Granada es, Rompiendo la oscuridad y Hablo de una tierra; por otro lado se encuentra la cara B con los temas: Nada es real, Es el momento de oír un buen rock y Algo Bueno. Suelo incluir el tema “Nada es real” en la primera parte del álbum ya que no rompe tanto la línea que construye el grupo hasta ese punto. Las otras dos canciones no las puedo entender del todo ya que el álbum venía creando otra serie de climas musicales por así decirlo.

En conclusión, este álbum sigue siendo magnifico para mí, al menos la primera parte de la que hablo. Una serie de paisajes musicales que juegan con diversos matices que frecuentemente son coronados con picos sinfónicos.  No voy a etiquetar este álbum, al menos en este comentario, descúbralo usted mismo.

Solo me queda agradecer a estos humildes músicos que sin pretender llegar a las masas hicieron lo que les nacía en ese momento, una música que trasciende para aquel que esté dispuesto a escuchar. Además recordemos que el productor de este álbum fue Gonzalo García-Pelayo quien fue el que los escucho y los “fichó” para su sello Gong, disponiendo todo para que graben su primer álbum en los estudios Kyrios con Pepe Loeches.

Sin más los invito a escuchar este primer gran destello de Granada, estoy seguro que les transmitirá mucha luz. 

Cod: # 1278
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