24 ago. 2016

Malachi - Holy Music (1966)

El misterioso ‘Malachi’ fue en realidad John Morgan Newbern, un pionero de la música psicodélica y ‘new age’. Nacido de padres de descendencia suiza y francesa, en la ciudad de Baltimore, estado de Maryland, USA, el 28 de noviembre de 1944. Se esperaba de él que siguiera una carrera militar, sin embargo una visita a México, (especialmente a la pirámide de Kukulcán, en Chichén Itzá, Yucatán), en 1955, alteró radicalmente el camino de su vida, a pesar de la desaprobación de los padres. 

Decidido a buscar otro sentido a su vida, Newbern se interesó por el creciente movimiento de su generación, con intereses siempre por la espiritualidad oriental, el modo de vida alternativo, las nuevas estéticas y el desarrollo de nuevas expresiones artísticas. Interesado por la espiritualidad y las distintas visiones religiosas de distintas culturas, comienza a leer textos como ‘El Libro Tibetano de los Muertos’, textos budistas, Zen, libros de Suzuki Roshi, Alan Watts, Paul Reps, entre otros. Su búsqueda espiritual, combinada con sus intereses musicales, lo conducirían a desarrollar un estilo totalmente personal e innovador, dentro del campo de la psicodelia, que recién estaba naciendo para esos años de mediados de los 60s.

Era tan solo un jovencito convertido en trotamundos, viviendo en la calle con su guitarra de doce cuerdas y su bolsa de dormir, hospedándose donde pudiera, tocando en la zona costera de Berkeley, en cafés y restoranes, para mantenerse. Fue allí, tocando su música, cuando fue visto por, ni más ni menos que, Allen Ginsberg, uno de los principales poetas de la generación beat, él quedo encantado con la música de Malachi y sin decirle nada a este se contactó con Allen Livingston, por aquel entonces presidente de Capitol Records, avisándole de un joven guitarrista que había visto en la calle. 

El sello se contacta con Malachi y, para su sorpresa, se le ofrece la chance de graba su música. Allen Livingston era amigo de Micheal Harner, profesor de antropología en la Universidad de Columbia, Nueva York, tanto Harner como Ginsger quedarían fascinados con las innovadoras ideas musicales de Malachi, tanto que ambos se encargarían de redactar un texto para la contra portada del disco que lanzaría el joven músico.


Así Malachi fija en fuego su música, con el ‘Holly Music’, disco grabado en el ‘Columbus Recording Studio’, en San Francisco, el 17 de Agosto de 1966, con la ayuda de un futuro miembro de Red Krayola, Steve Cunningham, y lanzado ese mismo año por el sello Verve, tratándose de una colección de largos instrumentales, folk acido-psicodélico, uno de los álbumes psicodélicos más tempranos a publicarse en la era lisérgica.

El trabajo nos ofrece una serie de sesiones de música psicodelia espiritual, una manifestación musical inconfundiblemente mística, reflejando la profunda influencia musical de los ‘estilos’ desarrollados por varias etnias que tuvieron mucho contacto con lo ‘’místico’’ desde sus culturas, especialmente por: los indios americanos, hindúes, y la música de tribus británicas (Ute). 

‘Holy Music’ es un auténtico síntesis de las músicas espirituales del mundo, reinterpretadas bajo la visión del joven Malachi, quien emprende un viaje simbólico hacia algún extraño lugar, sobrecargado de misticismo y muerte. Su guitarra de doce cuerdas es la principal interlocutora entre este mundo y el mundo sonoro del que pareciera tomar prestadas algunas melodías, percusiones y algunos cantos lo acompañan. Para nada acomplejado por ningún parámetro, da a su música la forma que le place, y su guitarra ejecuta todo tipo de elementos y artilugios; la música es sencilla, minimalista, tranquila.

Algo adelantado para su época, no por el carácter experimental propiamente dicho, ya que la música experimental (además de la música concreta) existe desde bastante antes de este disco, e incluso para aparición de la influencia oriental ya estaba presente en el folk experimental de la generación beat (anterior a los hippies), pero su relación tan íntima con ‘lo psicodelico’ y ‘lo espiritual’, ya en ese año 1966, hacen que el sonido esté por lo menos un par de años antes que muchos trabajos psicodélicos posteriores, similares o experimentales.


Michael Harner escribió estas palabras para la contra-portada del disco: "La música de Malachi trasciende las tradiciones de Oriente y Occidente, y representa la síntesis perfecta entre la estética, la filosofía y la religión, síntesis en la que todavía están trabajando los participantes de la revolución psicodélica. Con influencias de la música de la India y del indio americano, pero sobre todo es la música del espíritu humano, de carácter universal, que evoca las exploraciones de meditación a través de todos los sentidos. Es música psicodélica en el sentido más honesto, como es la danza de sol de los nativos americanos de la tribu ‘Ute’, o un raga, o los cantos gaélicos. Dentro de nosotros mismos, por debajo de las innovaciones musicales de los últimos mil años de historia europea, oímos un tambor diferente, y Malachi nos permite palpitar una vez más lo más profundo. Él no está imitando, ni siquiera combinando diferentes patrones culturales, sino que está descubriendo, al igual que muchos de esta generación recién despertados, los sentimientos, visiones y sonidos que han permanecido latentes bajo la "realidad" acondicionada de la civilización occidental. Escuchar a Malachi es sentir la unidad de uno con el hombre"

Lo mismo haria Allen Ginsberg, quien dejaría estas palabras sobre el trabajo: "Malachi se aproxima a la música en el espíritu de la conciencia: la meditación, altares, flores, hierbas, incienso, silencio, la comunión con uno mismo, la oscuridad y la improvisación. Él escucha en silencio a sí mismo y luego interpreta musicalmente lo que puede, de lo que escucha. Supongo que es un indio blanco, un nuevo arquetipo entre los nuevos estadounidenses. Poe habría disfrutado de su presencia.".

Newbern realizó muchos conciertos como Malachi, hacia finales de 1960, por el área de San Francisco, y pese a su respetable repercusión en la venta de su disco, aun así el sello decidió no seguir apoyándolo en un posible segundo disco, por lo que este seria su único lanzamiento discográfico durante esa época. Newbern continua haciendo música, sus nuevos trabajos pueden conseguirse en esta dirección

Cod: #1248

17 ago. 2016

Charlie Nothing - The Psychedelic Saxophone Of Charlie Nothing (1967)

Charles Martin Simon, mejor conocido como Charly Nothing, es el encargado e ideólogo de esta historia, un músico, dibujante, inventor de instrumentos y escritor norteamericano, nacido el 8 de Julio de 1941. 

Perteneció a esa creativa y movediza fauna juvenil que peregrinó por los caminos estadounidenses a partir de la posguerra, siguiendo la tradición trazada por los beatniks y miles de artistas populares que, a su manera, buscaron reconectar el arte con la vida y exponerlo en las calles y los bares, sin mayor aspiración de trascendencia o reconocimiento. (algunos pasajes de esta reseña tomados de esta pagina, muchas gracias!)

Durante un corto periodo estudió agricultura y literatura inglesa, pero rápidamente se aburrió y dejó las carreras. En 1965 fallece su esposa y esto le provoca todo un cambio, cambia su nombre artístico al de Charly Nothing y se dedica de lleno al arte, artes visuales, música y literatura.

Él es el inventor del ‘dingulator’, una especie de guitarra, escultural, de variadas formas, creado a base del reciclado de restos de automóviles, y que era variable en su cantidad de cuerdas; invento icónico en torno a su creador, que ejecutó durante toda su vida y que fue parte de su música y repertorio, incluso creó una banda que se llamaba ‘Charlie Nothing Dingulator Band’.

Durante casi cinco décadas se la pasó vagabundeando con su arte por buena parte de los territorios de su país, siempre formando parte de under, con su música expresionista experimental. Supo integrar diversas bandas efímeras para presentaciones en pequeños escenarios de Los Ángeles y Nueva York, como la ‘First Uniphrenic Church and Bank Band’ que tuvo como cantante original a una muy joven Debbie Harry, antes de su consagración con los Blondie. Supo compartir también algún escenario con Frank Zappa alguna noche.


Su trabajo discográfico también es efímero e incierto como su arte y, en cierto sentido, intrascendente, solo alcanzó a dejar un par de trabajos que pasaron desapercibidos para el público general, aunque aquí es cuando comienza la verdadera historia, ya que se trata de lanzamientos vanguardistas con un incalculable valor artístico / experimental, que tuvieron su repercusión en varios ámbitos del under, tanto norteamericano como europeo.

En 1967, una vez trasladado a la bahía de San Francisco, grabó su primer álbum, ‘The Psychedelic Saxophone Of Charlie Nothing’, lanzado ese mismo año por el sello Takoma, sello propiedad del músico experimental John Fahey.

El álbum se llama ‘El saxo psicodélico de Charly Nothing’ pero en realidad hay poca psicodelia aquí, talvez fue intento del sello para sacar algun tipo de redito aprovechando la creciente moda psicodélica del momento. El sonido consta más que nada de Free Jazz; lo que tenemos aquí son dos extensas y particulares sesiones en las que lo único que se escucha es, justamente, ‘el saxo psicodélico de Charly Nothing’, o sea… un saxo, parafraseando interminablemente, sobre el vacío del silencio, en un monologo bizarro de fraseos muy extraños, escalas incomprensibles, todo improvisado…

Si hay algo de psicodélico que se le pueda detectar al sonido serian algunos elementos y agregados sonoros que, conforme avanza el dialogo del saxo, van apareciendo tímidamente, sin sobrepasarse sino siempre manteniéndose tenue, en el fondo, marcando una base para el evidente protagonismo del instrumento de viento. Una vibración metálica que pareciera ser un gong o algún instrumento metálico de vibración o percusión; también aparecen, intercaladamente, unas percusiones de congas, elementos que le dan un toque místico al asunto. El álbum no se vendió bien en los Estados Unidos, pero logró un estatus de culto dentro de los círculos de free jazz y música libre en Europa.

En 1967 se trasladó a Santa Cruz, California, donde se unió a un movimiento de agricultores, pasando diez años viviendo en una granja. Se mantuvo como músico activo hasta mediados de los 80s, con presentaciones en vivo, y grabaciones de varios singles y otros discos; aunque desde esos años abandonó por completo las presentaciones en vivo, dedicándose casi exclusivamente a la apicultura y la escritura, llegando a publicar una docena de libros.

Cod: #1247

9 ago. 2016

Art Zoyd - Art Zoyd 3 (Symphonie pour le Jour où Brûleront les Cités) (1976)

Si hablamos de rock de vanguardia es necesario hacer una minuciosa revisión sobre el parámetro artístico dado a luz por Art Zoyd, un grupo francés de excelsa calidad y de un auténtico compromiso con la experimentación y la innovación constante; actitud que los llevaría a transitar y reproducir una serie de sonidos inexplorados hasta el momento de la aparición de sus discos.

Provenientes de Valenciennes, Francia, nacidos a finales de los 60s. En sus inicios, siempre inquietos musicalmente, el grupo se dirigió hacia lados más progresivos/psicodélicos, influenciados por el puro estilo Zappa, Beefheart, etc. El fundador original del grupo fue el multi-instrumentista Rocco Fernández, con quien alcanzarían a grabar tan solo un par de sencillos, ‘Sangría’, entre otros.

Hasta que en 1971 arriban a la banda el violinista Gérard Hourbette y el bajista Thierry Zaboïtzeff, quienes traen consigo un nuevo aire para el grupo, el cual comenzaría a tomar nuevos caminos. Ya en 1975, después de la salida del fundador, van a tomar el control del destino de grupo y cambiar radicalmente la dirección de las composiciones. 

El primer lanzamiento de Art Zoyd tuvo lugar recién en 1976, para ese entonces la banda se llamaba ‘Art Zoyd 3’, lanzando su primer trabajo denominado con ese mismo nombre. De este lanzamiento participan Alain Eckert en guitarra, percusión y voz, Gerard Hourbette en violín, viola y flauta, Jean Pierre Soarez en trompeta en si bemol y percusión, y Thierry Zaboitzeff en cello, bajo y percusión.

Aquí nos encontramos con el prominente comienzo discográfico del grupo, una autentica sinfonía acústica vanguardista de rock, que no deja de ser prototípica y arriesgada para ellos, por lo que la banda haría más adelante y pese a que este estilo particular se extendería inclusive hasta su segundo álbum. Este sonido refleja fielmente el espíritu que tenía el grupo, además de reflejar su aire de ‘principiantes’ en materia de grabación, por no haber grabado muy poco desde 1968 hasta el momento de este lanzamiento (1976).


Escuchar este disco es escuchar una autentica sinfonía, con todo lo que esto implica: las complejas estructuras y arreglos, el hermetismo dentro de ambientes sinfónicos, largas piezas de una enorme calidad musical que reflejan la influencia de música clásica contemporanea (Bartok y Stravisky); sumado al hecho de que es manifestado y reinterpretado todo con ese espíritu vanguardista típico del grupo, por lo que la ejecución de los arreglos de vuelve bastante ecléctica, las piezas se vuelven una exploración por terrenos sinfónicos vanguardistas, por pasajes con infinidad de momentos desconcertantes y caóticos. 

El rock está presente pero de una manera particular, no como normalmente lo conocemos en el progresivo, y ni siquiera como lo podríamos conocer por otras bandas del mismo ‘Rock in oposittion’, como Henry Cow por ejemplo, que puede llegar a manejar estructuras igual de complejas pero sumándole baterías y solos, e improvisaciones; en este sentido, en este caso particular, Art Zoyd es más minimalista, ejecutando una sinfonía y haciéndolo con muy pocos instrumentos: un bajo, un violín, un par de trompetas, una guitarra eléctrica, y no mucho más. Además de que estos instrumentos se abocan específicamente a una tarea sinfónica, por lo que es muy difícil encontrarse con un ‘acorde’ o un ‘riff’ propiamente dichos, el rock queda en un lado más imperceptible.

Si hemos de detectar cuál es el lugar del rock aquí, pues lo veremos reflejado sutilmente en el tipo de arreglos, en la aparición del bajo, el cual aplica alguna distorsión en algún pasaje determinado, la aparición de la guitarra eléctrica y sus arreglos, en la forma que tienen de encarar la composición y la ejecución, reflejando que, además de ser músicos académicos, vienen de extractos ‘’rockeros’’. Si a algunos pasajes determinados, de este disco, le agregáramos una base con batería y teclado, talvez estaríamos frente a un auténtico ‘progresivo vanguardista’, estilo que, aun así, está ejecutando aquí, por más que no se oigan baterías u otros agregados.


Originalmente este trabajo fue lanzado en 1976, bajo el nombre homónimo de ‘Art Zoyd 3’, aunque años más tarde, en 1980, la banda se encargó de relanzar el trabajo, luego de haberlo regrabado cuidadosamente, ya con mejores experiencias y conocimientos, con una formación expandida y diferente, ahora incluyendo, entre otros miembros, a dos elementos recurrentes en la discografía de la banda: Daniel Denis y Patricia Dallio. Este relanzamiento se hizo bajo el nombre de ‘’Symphonie pour le Jour où Brûleront les Cités’’, e implicó un mejoramiento significativo en la producción, los instrumentos perfectamente ecualizados, varios cambios en la ejecución de algunas piezas, y varios sutiles cambios que dieron un cambio radical a la perspectiva del sonido. La versión que se comparte en esta ocasión es la versión original, de 1976, la primer versión.

En 1976 Art Zoyd participa de una gira junto a Magma, banda por la cual se verían influenciados. Años más tarde, por su excelencia musical, fueron incluidos en el selecto seno de bandas que conformaban el ‘Rock In Oposittion’, sumados al colectivo tras su creación, originalmente integrado por los primeros cinco: los ingleses Henry Cow, los suecos Samla Mammas Manna, los italianos Stormy Six, los belgas Univers Zéro y los franceses Etron Fou Leloublan.

La gran virtud de este movimiento (‘Rock In Oposittion’) es que fue creado por bandas con formación profesional y con amplios conocimientos dentro de la música, por lo que el espíritu de rebeldía artística o musical no solo surgió como un espasmo esporádico o una mera reacción contracultural, sino que realmente estaban formados y crearon sonidos innovadores, vanguardistas, que chocaban contra todo lo demás conocido en la música y los hacían con fundamentos y profesionalidad.

Los primeros trabajos lanzados por el grupo apenas pisaron la década de los 70s, el resto principal de discos tuvo lugar a partir de principio de los 80s en adelante, en los que fueron explorando no solo lo sinfónico y la música clásica, sino que también emprendieron caminos hacia la electrónica, el rock progresivo vanguardista, la música experimental, música conceptual para películas etc., distribuidos en una extensa discografía que se extiende hasta hoy día. 

Cod: #1246

3 ago. 2016

Ash Ra Tempel - Schwingungen (1972)

Como bien decía Jimi en el post del disco debut de Ash Ra Tempel, ésta fue una de las bandas más destacadas dentro del Krautrock. Fundada por el guitarrista Manuel Göttsching, el bajista Hartmut Enke y el tecladista y baterista Klaus Schulze, publicaron su primer álbum en 1971. Al año siguiente, publicarían Schwingungen (Vibrations), el disco que hoy nos compete. Para este entonces, Klaus Schulze había abandonado el grupo (aunque volvería a tocar en Join Inn (1973) y Friendship (2000)), siendo reemplazado por Wolfgang Müller. También cuenta con la participación de Uli Popp en bongos, Matthias Wehler en el saxo alto y, a diferencia de su álbum debut que no contaba con un cantante, John L. en la voz principal. Hay varias anécdotas que andan dando vueltas sobre John L., entre ellas se dice que estuvo en Agitation Free pero que lo terminaron echando, en parte por cantar un tanto desafinado y, por lo que leí, también tenía la costumbre de cantar desnudo (supongo que por razones similares lo habrán echado luego de Ash Ra Tempel) .

Pero más allá de estos pequeños detalles sobre John L., el disco es realmente una maravilla! Esto es puro rock cósmico, de lo mejor. El álbum consta nada más que de tres piezas, comenzando con “Light: Look At Your Sun”. Se trata de una canción que tiene muchas dosis ácidas de blues, con una lírica interesante. Me parece sumamente destacable el trabajo de Manuel en esta canción y a lo largo de todo el disco, con esa claridad, firmeza y brillantez que tanto caracterizaron su sonido.


Luego sigue “Darkness: Flowers Must Die”. Creo que ya al leer los títulos de las canciones uno comprende el sentido de estos. En “Darkness: Flowers Must Die” escuchamos ciertos coqueteos con el free jazz en medio de la demencial voz de John L. y la esquizofrénica instrumentación. Para el segundo lado, tenemos una sola pieza, “Suche and Liebe” (“Search And Love”). Como en su álbum debut, acá también tenemos un primer lado más dinámico y enérgico, y un segundo más bien atmosférico. De esta forma, “Suche” desde el principio contrasta con la intensidad y la dinámica de “Darknes: Flowers Must Die”. Es una composición muy experimental, con una atmósfera muy tranquila donde predominan el vibráfono y el órgano. Pasajes misteriosos y minimalistas lentamente van dirigiéndose hacia la segunda parte, “Liebe”. Y qué hermoso final es “Liebe”! Creo que nunca me voy a cansar de remarcar la belleza del final: un coro celestial sobre una celestial progresión de acordes, maravilloso! Debo decir que me recuerda un poco a “A Saucerful Of Secrets”, pero eso a esta altura no importa jeje.

Los propios Manuel Göttsching y Hartmut Enke dijeron en su momento que creyeron encontrar los acordes del Cielo, y hasta los incluyeron en su siguiente álbum, Seven Up! (También lo incluirían en el disco de The Cosmic Jokers “Gilles Zeitschiff”, aunque claro que sin su permiso, pero esa ya es otra historia que, dicho sea de paso, está contada en la reseña del primer disco que salió de The Cosmic Jokers).

De esta forma, con un final tan mágico, se despiden de nosotros estos navegantes del espacio. No sé si tiene mucho sentido decir qué fue de ellos porque de eso ya habló Jimi en el post mencionado. Así que… Que lo disfruten mucho!! Y no se me vayan a extraviar por el Cosmos…

Cod: #1245
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